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solemnidad del Corpus Christi

Solemnidad del Corpus Christi

En la mañana del 7 de junio, La Bañeza volvió a vivir uno de esos días señalados en el calendario como especialmente relevantes. La festividad del Corpus Christi celebra la presencia real de Cristo vivo en la Eucaristía a través de la Sagrada Forma Consagrada. Su finalidad principal es proclamar y fortalecer la fe de los creyentes, recordándonos que Cristo se hace presente en medio de nosotros e invitándonos a vivir la fraternidad, la caridad y el servicio a los demás.

Tras la misa celebrada en la iglesia de El Salvador, las calles cobraron vida con la presencia de los niños que este año recibieron por primera vez la Comunión. Al acto acudieron representantes de las distintas Cofradías locales, así como autoridades y miembros de la Corporación Municipal.

Una vez iniciada la procesión, el cortejo se dirigió hacia la iglesia de Santa María, donde el Santísimo quedó expuesto hasta la celebración de la siguiente Eucaristía, prolongando así la festividad propia de una gran solemnidad.

Según la tradición, en 1263 tuvo lugar un acontecimiento decisivo: durante la misa celebrada por un sacerdote en la localidad italiana de Bolsena, la Sagrada Forma sangró al partirse. El impacto de este suceso, unido al creciente fervor eucarístico, impulsó la declaración de una festividad universal. Un año después, en 1264, el papa Urbano IV instituyó la solemnidad del Corpus Christi mediante bula, encargando a Santo Tomás de Aquino la redacción de los textos litúrgicos del Oficio y de la Misa, incluidos himnos y oraciones que aún hoy forman parte del patrimonio espiritual de la Iglesia.

En tiempos ancestrales y según recogen ciertas crónicas, en nuestra ciudad la festividad del Corpus se vivía como una “expresión radiante de fervor y la más alta manifestación católica del pueblo bañezano”. Se describe cómo, tras una Misa Solemne en la iglesia de El Salvador, las imágenes de diversos santos -portadas a hombros- se dirigían a la Capilla de Las Angustias, donde se unían a otras procedentes de Santa María. Entre ellas figuraban la Virgen del Rosario, San Antonio, San Lorenzo, San Roque, Santo Tirso, Santa Lucía, San Cayetano o San Miguel, seguidas por los Jueces de las distintas Cofradías con sus cetros.

La Cofradía Sacramental ocupaba un lugar destacado, y uno de sus Hermanos se encargaba de anunciar a los cofrades el atuendo obligatorio para la ocasión. A la comitiva se sumaban bandas de música y varios pendones de seda que aportaban un notable colorido. En algunos años incluso participaban danzantes, enriqueciendo aún más el carácter festivo.

La procesión se cerraba con la Custodia bajo palio de ocho varas de plata, portada por señores revestidos con túnicas azules que lucían, a la altura del corazón, el emblema de la Cofradía Sacramental. Era costumbre que algunas madres acercaran a sus hijos a los altares instalados en calles y plazas para presentarlos ante el Santísimo.

El recorrido continuaba hacia la iglesia de San Antonio, el Hospital de la Vera Cruz y la Capilla de Jesús Nazareno, finalizando en el templo de Santa María. Allí, el Santísimo era recibido por el párroco y quedaba custodiado por las imágenes de los santos que habían participado en el cortejo, permaneciendo todos en el templo hasta la celebración de la Octava. Una vez concluida, cada imagen regresaba a su lugar de origen.

Todo ello evidencia la importancia, solemnidad y profundo arraigo con que el Corpus Christi y su Octava se celebraban tradicionalmente en La Bañeza.

 

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